De mineros y héroes

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Dice el diccionario concretamente el María Moliner que héroe es aquella persona que ha realizado una hazaña admirable para la que se requiere mucho valor.

De esta forma cuando ves entrar en Madrid a los mineros de Asturias, de Cantabria, de León, de Aragón, algo se agita, de tal manera que la sangre fluye un pelín más rápido, te asaltan imágenes de otras épocas de otros tiempos de esos que ya no están, imágenes llenas de unión y solidaridad cuando estas palabras eran valores compartidos dignos de seguir, casi imperativos.

Cuando ves entrar en Madrid a los mineros ya no te preguntas si la minería es rentable, o si la subvención es mucha, poca o regular ni siquiera si es justa o no, tampoco te preguntas porque llevan toda la vida haciendo jodidamente lo mismo y no están hartos de bajar metros y metros arañar la tierra; no, no lo preguntas sólo te preguntas por qué en lugar de cientos de mineros no hay miles o cientos de miles por poner una cifra. A lo mejor lo pensamos porque los héroes que nos hacían vibrar de pequeños, esos tipos con leotardos ajustados, los Spiderman, los Batman o el hombre de acero hace tiempo que dejaron el oficio y disfrutan contando aventuras que nunca ocurrieron en ese putiferio llamado Hollywood.

Cuando ves entrar en Madrid a los mineros te preguntas de forma ilusoria y un tanto interesada si no estarían dispuestos a pelear nuestras batallas, pues si ahora pelean las suyas que nunca fueron las nuestras porque teníamos el Iphone, un blog para comunicar, una hipoteca que nos hacía iguales, una lavadora con burbujas de aire, y cuantas actividades extraescolares inútiles sobre eso que Sábato llamaba el resistencialismo (que gran hombre, que gran escritor), les veíamos como algo del XIX, llenos de prehistoria industrial con traje de museo, así pensábamos, y ahora nos preguntamos podrían estos chicos del casco y el candil luchar por nosotros, ¿podrían? o ya ni siquiera levantamos la mirada por miedo a que nos miren, ¿tan bajo hemos caído?.

Cuando ves entrar en Madrid a los mineros y en la pantalla se repite el discurso de nuestro presidente como si fuera ajo, este padre de la patria que palmea las espaldas de los hombres de negro (aunque no creo que Will Smith hubiera aceptado el papel), un papel que pasa por jugar con la vida de personas que no objetos, financiar los pufos de los bancos, estos que brindan con Moët Chandon la próxima jubilación mil millonaria mientras la gente se desespera, se apretujan para no sentir el dolor, cuando se anuncian nuevas medidas llueve sobre mojado, medidas que ocasionaran más dolor, más tensión si cabe y desde luego más rabia en ese campo social que se llama España la misma que es tricampeona orgullo del buen fútbol y del deporte al que se llega con dedicación, esfuerzo y humildad. De esta forma y casi como si te desdoblaras en una especie de espíritu astral sobrevuelas las terrazas, los tejados y escuchas todos los gritos, todos los reproches, todos los “madre mías”, cada insulto, cada bofetón, cada latido interrumpido, todas las vidas truncadas por una situación que les superó hace ya mucho tiempo.

Cuando ves entrar en Madrid a los mineros te das cuenta que lo único que tenemos es la dignidad y esa no podemos perderla, no somos hijos de dioses, ni siquiera híbridos de dioses y mortales, como Aquiles o Hércules, sólo somos hombres de corazón flojo, asustados, apesadumbrados, deprimidos…..apocados.
He visto a los mineros y cualquiera que luche por su futuro y el de sus familias es portador de una llama heroica la misma que te hace llegar a final de mes y te conviertes en un hacedor de una hazaña que requiere valor, así, sólo se puede calificar de héroe.
Cuando emprendes la lucha puedes vencer o perder y sin embargo hay opciones pero si no luchas es que ya has perdido.

Hoy todos deseamos ser un poco como los mineros, buscar ese gramo de energía, de determinación pero sobre todo de coraje, coraje para emitir un grito que a fuerza de estar ahogado sale disparado pidiendo justicia, hoy vemos como sinvergüenzas departen con jueces comida si y cena también para no pisar el banquillo de los acusados, hoy las llamadas princesas del pueblo hablan de lo divino y lo humano tarifando por segundos de cabreo, hoy los banqueros tienen una pensión de escándalo a costa de la ruina de las entidades que ellos con su gestión han hundido, hoy religiosos juegan a especular negando la usura y la inmoralidad de dichos actos, todos ellos berrean su vomitivo discurso mientras nuestros hijos nos miran con ojos penetrantes y preguntan si hay héroes; balbuceas una respuesta y al final respondes con orgullo, con rotundidad algo que ya es un poco tuyo y de todos…..si hijo hay héroes y están entrando en Madrid.

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