TOAD THE WET SPROCKET

Desde que se formaran a mediados de los 80, esta banda americana resulta un compendio de sensibilidad y temas absolutamente bien acabados y mejor construidos. Os dejo con este The Moment, una canción llena de fuerza, donde todo tiene sentido y adquiere una textura especial…disfrutad.

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The White Buffalo

Resulta gratificante escuchar una voz tan desgarradora, sugerente y llena de fuerza como la de Jake Smith en las voces, Matt Lynott a la bateria y Tomy Andrews al bajo. Blues, Country, Southern esta banda toca como si le fuera la vida en ello, os dejo este tema llamado The Whistler con ese punto espaguetti western que suena más fronterizo y más tex cuando más lo escuchas…

De la penumbra

DE LA PENUMBRA

He vivido confiado entre penumbra,

seguro de mí mismo hasta la duda.

He visto respuestas cogidas en brasas

distantes, blancas como una muda.

Me he marchado sin destino,

la carne pálida y el corazón parado.

He mirado hacía atrás esperando

un milagro, un soplo fresco, sin engaños.

Tantas cosas, buen amigo

¿Tú sabes de lo que hablo?

contestarme podrías impidiendo mi huida.

Una huida sin freno, como una caricia seca,

un beso flojo, una sonrisa que es una mueca.

Recuerdo una tarde fría y gris,

imágenes que me sorprenden desnudo y con miedo.

Agoté mi destino escribiendo despacio y sin prisa;

no acabaría el día ni se haría la noche,

no se vestiría la tierra de pétalos blancos,

de luz, de esperanza.

El reloj se para, pero el tiempo continúa,

ese que envejece el cuerpo,

ese que te lleva a la muerte, inhóspita, inmaculada.

He vivido confiado entre penumbra,

aprisionado entre duras vísceras,

sin descanso, sin aliento, en la distancia.

He surcado océanos de sal para buscarte,

he excavado túneles con mis manos,

he plantado semillas regadas con mi sangre.

Tantas cosas, buen amigo

¿Tu sabes de lo que hablo?

Contestarme podrías haciendo justicia

Esa que es el poder de muchos frente a unos pocos,

esa que te sacude el corazón con un rugido,

la misma que te despeja las dudas,

te da una esperanza, te devuelve la vida.

He visto mujeres de miradas tristes,

con telas de arriba abajo,

sus cuerpos pequeños, sin algo,

la tierra seca, sus pechos flacos.

He sentido el dolor de sus brazos, de sus piernas,

he escuchado sus voces oprimidas, silenciadas;

el temor en sus rostros,

ese de los hombres y de las bestias,

su odio, sus víctimas,  sus plegarias.

He vigilado mis actos, he resuelto problemas,

fui justo, honrado.

He soñado cantos de sirena, cuerdas flojas en la cintura,

mástiles caer rotos por la espuma, piedras latir de pura fuerza,

vivas, despiertas, de madrugada.

He vivido confiado entre penumbra,

respirando el mismo aire que me mata,

andando por calles pobladas,

recorriendo cuerpos sin nombre de nadie y de nada.

He gritado con fuerza para llamar

a mi alma; ella contesta con fuego

lo que no puedo apagar con agua.

Te dejo buen amigo, muerto y vivo a la vez,

mirando las nubes de cerca,

esperando la mano que enjuague mi cara,

que recoja mis lágrimas, que me clave una espada.

Barrio

BARRIO

 

Me he sentado en una esquina,

pensando:

¿Qué fue de la infancia?

¿Acaso no quedan lagartijas?

¿Es que no hay futbolines?

¿No vamos de excursión al Parque Alcosa?

 

Me he sentado en una esquina,

recordando: la huerta, la acequia,

el asfalto.

 

Voces en los patios que te llaman,

sin móviles, con la garganta a trapo,

mujeres trabajadoras, hombres honrados.

 

Me he sentado en una esquina,

y me pregunto;

¿Qué fue de los barrios?

Aquellos en los que me perdía,

en los que sonreía, en los que jugaba,

saltaba, corría, gritaba, peleaba,

 

¡Vivía!

 

¿Qué fue de los barrios?

poblados de hombres de barro,

con callos en las manos,

los rostros limpios,

espuma de afeitar y trabajo.

 

¿Qué fue de los barrios?

No había prioridades, ni prisas,

ni coches, ni videojuegos,

ni mentiras, ni atascos.

 

He preguntado a los niños,

si se acordaban de mí,

de aquel que fue su amigo,

su compañero, su cómplice,

el héroe, el soldado.

 

He preguntado a los niños

qué fue de los barrios,

esos que te enseñaban

que el mundo no es plano,

ni redondo, ni ovalado;

ni blanco, ni negro,

sino gris y muy variado.

 

Que la educación partía

del patio hacia fuera,

entre entradas y salidas,

entre puertas y ventanas,

que el que la hace la paga,

y la responsabilidad se pierde

o se gana, pero nunca se cambia.

 

Vivíamos en colmenas, ya lo sé;

pero había mujeres que miraban

por los ventanales con la frente de cera,

orgullosas, confiadas.

 

¿Qué fue de los barrios?

 

Gente que soñaba antes

y después de un “sol y sombra”;

era la quiniela, la lotería,

el coche, el chalet, las horas;

ilusiones, reflejos de una vida dura,

hecha con jirones, de retazos, con desarraigo,

solidaria.

 

Me he sentado en una esquina,

escribiendo, buscando sin esfuerzo la memoria,

esa que no debe perderse,

esa que te lleva al pasado, a las voces,

a las lagrimas, a mis padres,

a mis vecinos, a mis amigos,

¡a mi barrio!