De la penumbra

DE LA PENUMBRA

He vivido confiado entre penumbra,

seguro de mí mismo hasta la duda.

He visto respuestas cogidas en brasas

distantes, blancas como una muda.

Me he marchado sin destino,

la carne pálida y el corazón parado.

He mirado hacía atrás esperando

un milagro, un soplo fresco, sin engaños.

Tantas cosas, buen amigo

¿Tú sabes de lo que hablo?

contestarme podrías impidiendo mi huida.

Una huida sin freno, como una caricia seca,

un beso flojo, una sonrisa que es una mueca.

Recuerdo una tarde fría y gris,

imágenes que me sorprenden desnudo y con miedo.

Agoté mi destino escribiendo despacio y sin prisa;

no acabaría el día ni se haría la noche,

no se vestiría la tierra de pétalos blancos,

de luz, de esperanza.

El reloj se para, pero el tiempo continúa,

ese que envejece el cuerpo,

ese que te lleva a la muerte, inhóspita, inmaculada.

He vivido confiado entre penumbra,

aprisionado entre duras vísceras,

sin descanso, sin aliento, en la distancia.

He surcado océanos de sal para buscarte,

he excavado túneles con mis manos,

he plantado semillas regadas con mi sangre.

Tantas cosas, buen amigo

¿Tu sabes de lo que hablo?

Contestarme podrías haciendo justicia

Esa que es el poder de muchos frente a unos pocos,

esa que te sacude el corazón con un rugido,

la misma que te despeja las dudas,

te da una esperanza, te devuelve la vida.

He visto mujeres de miradas tristes,

con telas de arriba abajo,

sus cuerpos pequeños, sin algo,

la tierra seca, sus pechos flacos.

He sentido el dolor de sus brazos, de sus piernas,

he escuchado sus voces oprimidas, silenciadas;

el temor en sus rostros,

ese de los hombres y de las bestias,

su odio, sus víctimas,  sus plegarias.

He vigilado mis actos, he resuelto problemas,

fui justo, honrado.

He soñado cantos de sirena, cuerdas flojas en la cintura,

mástiles caer rotos por la espuma, piedras latir de pura fuerza,

vivas, despiertas, de madrugada.

He vivido confiado entre penumbra,

respirando el mismo aire que me mata,

andando por calles pobladas,

recorriendo cuerpos sin nombre de nadie y de nada.

He gritado con fuerza para llamar

a mi alma; ella contesta con fuego

lo que no puedo apagar con agua.

Te dejo buen amigo, muerto y vivo a la vez,

mirando las nubes de cerca,

esperando la mano que enjuague mi cara,

que recoja mis lágrimas, que me clave una espada.

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