TRUMAN O COMO MORIRSE DE FORMA EXTRAVAGANTE

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EXTRAVAGANTE: Del latín Extravagans, es lo que se dice o se hace fuera del modo común de actuar. Por lo tanto resulta extraño desacostumbrado o peculiar.

Siempre que los humanos pensamos en la muerte, la visualizamos como algo inexorable, algo que más tarde o más temprano llegará, llamará a nuestra puerta y en un viaje de duración incierta platicaremos con Caronte y nos llevará en su barca. Cualquier otra recreación tiene más que ver con las creencias religiosas o los ritos funerarios que con el imaginario colectivo, aunque la muerte con guadaña y vestida de negro sigue resultando impactante.

Es Truman una película que habla de la muerte pero también de la vida. De la necesidad de despedirnos de aquellos que configuraron y nos hicieron así, de decirles lo importante de celebrar y contar con su amistad, y de notar que en ese tiempo que nos queda como nos sana más su compañía su proximidad que cualquier terapia invasora.

De eso va Truman de cómo Julián (Ricardo Darín) un actor argentino que vive y actúa en Madrid le diagnostican un cáncer que hará que tome la decisión de no tratarse y vivir de pie el tiempo que le queda. Para ello cuenta con la compañía de un amigo Tomás (Javier Cámara) que viaja desde Canadá para darle un último adiós. Los dos personajes vivirán cuatro días que es lo que durará el viaje de Tomás para estar juntos, para conversar y no conversar; pues si bien la película discurre entre unos diálogos que destilan verdad, los silencios resultan no menos reveladores (maravillosa escena donde Julián llama a las cuatro de la mañana a Tomás para hablar con él, ese momento da la sensación que lo importante lo sentido se va a producir cuando ambos cuelguen el teléfono).

La película funciona como un drama pero sin renunciar a la comedia, mientras por el camino nos desgrana algunos zarpazos sobre el mercadeo de la muerte, por otra parte normal y tan utilizado por el común de los mortales (la petición de presupuesto en la funeraria). De esta forma lo que nos cuenta su director Cesc Gay no puede en ningún momento enmarcarse en unas situaciones ya trilladas si no al contrario todas ellas están llenas de ternura y justa sensibilidad.

A estas alturas pudiera ser que alguno se pregunte ¿quién es Truman?. Truman es un perro, grande, tranquilo, de Julián, fiel compañero soledades, de paseos y de pensamientos. Julián desea que cuando llegue el momento Truman este bien acogido, y a ese empeño intentaran nuestros protagonista trabajar esa posibilidad.

Julián quiere decidir su tiempo, desde esa lucidez, como vivir y como morir.

Tomás asiste silencioso, admirando la valentía de su amigo y a la vez generoso por compartir su tiempo con alguién que si bien no se dice intuimos que han sido muy cercanos, casi complementarios. La amistad siempre tiene algo de terapéutico, más que cualquier medicamento, más que cualquier otra sustancia. Es el reencontrarte con lo más básico, como sucede con el amor, como sucede con la honestidad, como sucede cuando nos vemos como iguales, frágiles, ávidos de querer, de que nos quieran.

Si bien como decía de Truman podemos entenderla sobre como afrontar ese final, ese proyecto vital roto, opta por salirse de lo común de ser libre aunque eso implique ignorar los consejos y los deseos de los más cercanos, pues como explica “ No sabia que se necesitaban argumentos para seguir viviendo. Cada uno se muere como puede”.

No me gustaría dejar esta reseña sin mencionar situaciones que aparecen en la película que conmueven y molestan por sinceras a partes iguales, y gracias a la labor magistral de Darín te resultan cercanas, próximas. Hablo del viaje a Holanda, del reencuentro con el hijo, del abrazo con el padre, sencillo sin palabras sin adioses, sin más lágrimas que las justas, sin estridencias pero con tanto que se dice sin decir. Y la otra es la situación incomoda de los conocidos en el restaurante y de cómo hablar, de cómo no hablar, de preguntar, y de cómo no preguntar, de pedir perdón, por muchas cosas, de vanidades, de egoísmos. Truman es sentimiento, es la intimidad como lo propio y no como mercancía que se vende por un “me gusta” en redes sociales donde roza la pornografía (en el sentido de explicitar lo intimo) a la vez exhibición publica en un baile de máscaras. Truman es dialogo, es reflexión, es comedia, es amistad, es honestidad, es valentía, es extravagancia, pero también libertad, pero sobre todo es vida, aquella que sigue tan presente que a veces se nos hace insoportable las ausencias de aquellos que nos importan, y sin embargo por que no decidir morir aunque sea de forma extravagante.

AGA

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