La Rotonda

“ A mi, desde muy pequeño, me gustan las preguntas y los caminos que llevan a las respuestas. Por lo demás, a veces acabo no conociendo más que el camino, Pero eso no es tan grave: Ya he avanzado”

De “El informe de Brodeck” de Philippe Claudel.

 

Cada vez que subía la persiana el ruido era como si la mano de un gigante plegara de forma torpe lo que en teoría debía hacer un mando a distancia, la chapa aluminizada gritaba al doblarse, y poco a poco subía dejando que la luz del sol invadiera el terreno que sólo pertenecía a los automóviles.  Y yo aceleraba mientras soltaba el embrague poco a poco y el coche salía despacio dando un pequeño brinco. Una vez en el exterior giraba hacía la derecha en Joanot Martorell para volver a girar a la derecha por Ramón y Cajal y continuar recto Nuestra Señora del Socorro hasta la rotonda. Una vez me detenía miraba a la izquierda por si venía alguién y seleccionaba mi trayectoria. Así, todos los días.

Había oído que el director general de tráfico hacía una serie de recomendaciones sobre como entrar en las rotondas, como situarse, pero sobre todo como circular sin que eso sea más engorro que lo que la propia rotonda quiere evitar. Este señor sin saberlo se estaba convirtiendo en un terapeuta preocupado por sus pacientes a la vez que un moderno visionario.

A mi lo de una isla flanqueada por una carretera circular me resultaba tan metafórico, que mi mente procesaba tantos datos que creo que posiblemente me falta algo de memoria RAM. ¿Acaso no parece un tiovivo?, si no sabes donde vas o te equivocas das una vuelta, y otra, y otra o simplemente no eliges y coges la primera que te resulta más facilona, siempre claro esta siguiendo las indicaciones de alguien tan eficiente y diligente como el señor director general. Esto último no lo digo con sarcasmo si no constatando que es esos adjetivos y alguno más.

Por eso me resultaba siempre tan extrañamente atrayente. Todos los rostros fijos al volante en encontrar una dirección tanto el que la sabe de antemano como aquel que la busca y da vueltas hasta encontrarla.  No es un poco la vida eso, destinos a los que queremos llegar, caminos que emprendemos, nos equivocamos y volvemos a buscar la dirección. Cada día todo un ejercito de personas sin nombre bajo la etiqueta de “conductores” repetían en fila ordenada todo el ritual de cruzar la rotonda.

Vidas pautadas y milimétricamente  dispuestas, se expresan de forma diferente, con un modelo de automóvil acorde con su estatus, o simplemente intentando parecer lo que no se es, y dentro en el habitáculo cada uno posee su mochila de amores, desamores, llantos, risas y demás caracterología del ser humano envuelto como el bocadillo del recreo en huesos, piel, sangre para darle a ese ser viviente el aspecto de algo mínimamente reconocible.

Porque la función de una rotonda es ordenar el tráfico, no dice nada de ordenar el trafico de las vidas de los seres humanos, no creo que sea su función. Pero se parece tanto. Intentan facilitarnos la hoja de ruta, el cambio de dirección, otro destino. Y sin embargo hay veces que no sabemos donde vamos y damos vueltas y vueltas a cuenta de no atascarnos ni en el tráfico ni en nuestras vidas.

Metemos una marcha damos un buen acelerón y continuamos esperando que donde sea que vayamos sea la dirección correcta, porque pararse y pensar no cuenta. Sigo mi camino, demasiado tiempo parado, demasiado tiempo en reflexión, enfilo la carretera, pongo un poco de música, suena Israel Nash , ha empezado a llover una lluvia plana se desliza por la luna delantera, el limpiaparabrisas borra la realidad, deja limpio de reflejos el vehículo.

Continuo por el Barrí L´Orba hacia Benetússer, la música ha borrado cualquier trascendencia sobre si seguir el camino trillado es lo mejor o simplemente soy como esos caballitos sujetos al tío vivo que dan vueltas y vueltas esperando que un alma ingenua cabalgue en su lomo.

Apago el motor, cierro, saludo.

  • Ey Ramón que pasa como va la faena?
  • Hola Toni, dime que te ha pasado
  • Nada tío, demasiado tiempo en la rotonda.
  • Pues vaya tela. Intentaré que no sea mucha pasta.
  • Ok nene, tenlo pronto.

AGA

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4 pensamientos en “La Rotonda

  1. marisefu dice:

    Me ha encantado Toni, y me ha venido a la cabeza una película de Jacques Tati, Playtime. Te la recomiendo, donde el hombre y su diversidad se interpone a la homogeneidad de la sociedad. En ella sale una rotonda, besos

  2. Novio dice:

    Estimulante ejercicio de reflexión. Muy bello por momentos.

    Un abrazo.

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