En Vela

Noches de espejo y penumbra, fantasmas que asoman desde la luna,

espantos de sudor que nublan el sueño, que quiebran los huesos como si fueran agua.

Noches de espejo y penumbra, silencios que invitan a estar en vela, ya no hay sonidos,

ya el cuerpo se rinde pero la cabeza se retuerce y se esconde entre recuerdos que ya no son.

Vivir entre sábanas olvidadas, colchones que no transpiran, sensaciones que se unen y se mezclan.

Noches de espejo y penumbra, palabras susurradas que no se oyen, que no se escuchan,

que vibran como un diapason, fingiendo comunicación, vomitando silencio;

la ventana entreabierta, la luz de la farola que se abre paso y proyecta su lengua.

Cada instante es un paso en el reloj, cada minuto es un tiempo vivido y muerto a la vez,

cada respiración un mundo, y en cada mundo un sueño, un espejo, una penumbra.

 

AGA

 

 

 

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El Bar

Habia entrado muchas veces en ese bar en el que me conocia cada botella, cada cristal y cada cliente como si fueran mi familia. Un día cuando no soportaba la monotonía estival me adentre entre sus sillas me acerque a la barra y pedí un gin tonic, cargado precisé, al lado mio se sentó en ese momento una pelirroja con ojos como el mar, la melena se movia con su cabeza como los veleros que surcaban el mar del norte; la miré durante una fracción de segundo, me miró, aguanté la mirada y ella sonrió. Desde ese día mi afición por el gintonic y por las pelirrojas se incrementó hasta tal punto que de tarde en tarde me dejó caer pensando que unos ojos claros se tropezaran con los mios y quién sabe quizá solo quizá le pida que me lleve lejos, tal vez a casa…

Mascaras

Me arranqué tantas mascaras como pude, la sangre saltaba entre mis manos, los ojos eran cuencas oscuras, sabía quién era, sabía donde iba y sin embargo un vacio poderoso me impregnaba como una baba; me escondo de mí, me escondo de todo, me escondo de lo que esta vivo, de lo que se puede tocar, vivo una ficción que desarrollé como una enfermedad y para la que no hay cura, mientras perfilo una nueva mascara vierto palabras sobre la arena, espero a un lado que el mar haga su trabajo, me limpie, me cure, me libere…

 

Respirar la noche

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No podía dormir, la noche se agarraba como una tenaza a la garganta, el silencio se hacía corpóreo. Me levanté, y caminé por el pasillo. Un vaso de agua alivió la sequedad de boca, la calle proyectaba las sombras desde las farolas, a lo lejos las luces de la ciudad mientras duerme, el cándido y lento respirar de miles de almas. Me asomé al balcón, hacía frío, apoyé los codos en la barandilla y me encendí un cigarrillo, en cada calada se disipaban los pensamientos, miraba hacía el cielo, son las tres de la mañana.

Durante un segundo me quedé en blanco, la humedad media mis fuerzas, eché un último vistazo memorizando si todo seguiría allí por la mañana. Si acaso mientras respiramos la noche no habría un servicio especial de recogida, y todo lo que nos es ajeno desaparece como la basura, como los envases, como el vidrio.

Quizá ni cuando dormimos, cuando soñamos, cuando nuestras mentes descargan sus últimos archivos, en los que vivimos aventuras, héroes de historias imposibles, deseos de cuerpos que están cerca y lejos, en ese estado todo es posible, ya no somos seres que como autómatas nos dirigimos a puestos de trabajo en el mejor de los casos nos venden trocitos de cosas, algo que comprar, ya no somos seres que luchan por pedacitos de tiempo, ya no somos residentes de un pueblo, de una ciudad, de un país….no, somos almas que sueñan con espacios propios, con fijar un deseo con saliva mientras las palabras se baten en retirada, somos consciencia pura, elementos de un todo que perfila nuestras vidas, mariposas que aletean, crisoles de sensaciones, bocanadas de aire……todo eso mientras respiramos la noche, esperando que el día dejé un hueco para nuestros cuerpos malheridos, donde arañamos ser sólo nosotros.

AGA

Hoy recordamos a todos aquellos que perdieron la vida ese maldito 11-M. Pues eso que sigamos encendiendo la vela.

 

 

 

TALLAFOCS

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Me senté a descansar un rato, las piernas me dolían, la espalda, los ojos, los párpados. Era un día extraño, la playa se adentraba hasta la Albufera, la arena escarbaba entre los pinos y succionaba sus humores.

Miraba el horizonte, sólo veía portacontenedores, monstruos de metal, lejos.

El mar parecía papel de aluminio dispuesto a envolverme, una brisa fresca, dulzona, me sacude la cabeza, me despeja, ya oigo mejor, ya veo mejor, ya soy yo.

Sentado a un lado de la duna las hierbas crecian, desordenadas, miles de palitos de colores se arremolinaban a mis pies, como peces, aunque sólo eran basura, desechos de oidos humanos que ni oyen ni escuchan.

Giraba la cabeza de vez en cuando para ver si estaba sólo, me dejaba llevar por el sol, por las nubes, por el mar y pensaba que tal vez tenía todo lo que podía desear, que aquello sólo podría ser el paraíso, un lugar silencioso y lleno de vida, vidas frágiles, vidas que ocultan otras vidas.

Caminé por la orilla, me agachaba y ponía el oído donde rompían las olas como buscando la primera vez, ese sonido puro que sólo yo fuera capaz de oírlo.

Y volvía de vez cuando a girarme como esperando que alguien gritara mi nombre.

Y aún hoy cada día, de cada semana, de cada mes, de cada año, miro el mar, le desafío, le susurro, lo escucho, lo admiro, lo amo; y por un breve espacio de tiempo sueño que alguien grita mi nombre, y sin embargo, sólo el mar constante y poderoso rompe el silencio.

Hasta entonces, camino despacio, muy por el borde, esquivando la espuma, enciendo un cigarro, le pego una calada fuerte, con ganas, con fuerza, el humo penetra rápido en mis pulmones, me mareo, me inunda, me siento despacio, las piernas me duelen, la espalda, los ojos, los párpados…….

AGA

LA ESPERA

Hay arena que vibra mientras mis pasos trazan ciculos, oscuros, muertos, sin sentido.

Hay agua que moja mis zapatos, viento que golpea mi cara, luz que ilumina mis manos.

Hay horizontes que refulgen como estrellas, y hay sonrisas que merece la pena conservarlas en la memoria,

y te despejan dudas, y te limpian, y te abandonan.

Hay noches que no respiras, que el corazón se desboca, te descontrolas, te dejas caer, te ofuscas, te ahogas.

Hay días que de tan plenos te revienta el pecho, y las lágrimas rompen cristales de sal, mientras lloras en silencio.

Hay momentos que sentado esperas una visita, una mirada, una mano que se ofrece, una caricia que no és, un reencuentro, reclamar un poco más de tiempo, una llave que no abre puertas sólo las cierra, un poema largo.

Hay ropas que se desprenden como las viejas pieles, que por impropias no te pertenecen.

Hay tanto que sentir, tanto que leer, tanto que vivir, que duele pensar que hilo se agote sin ver crecer los arboles, sin sentir la lluvia en el cuerpo.

Hay poemas que nacen para morir al leerlos, de pura fuerza, con tanta intensidad que estallan como un destello, como una llama, sin sonido, ingrávido.

Y mientras tanto miro a mi alrededor, ojeo las caras, los cuerpos, veo mis manos, me toco la cara, me desespero, escribo con pausa, esperando, sólo esperando, quizá una estación nueva, una que empuje mi alma, o el sol, o el viento, y el mundo……

AGA