Andanzas de un rockero en territorio indie. Concierto de Izal en Valencia 16/01/2016

Hace ya algún tiempo alguién me paso unos temas diciendome lo interesante de la propuesta, lo bueno de unas letras cuidadas y evocadoras.

Para un tipo como yo cuyo ecléptico mundo musical viene de ser amamantado con biberones de rocanrol, esto bien pudiera parecer desde la ortodoxia más recalcitrante una suerte de traición, un dislate…sumergirse en este mundo “indie” tan propio de etiquetas donde su única función es organizar, estructurar, de colocar las cosas en un espacio pulcro y ordenado que nos permita tenerlo todo controlado. Hay algo más tonto que tratar de enjaular la música, de retenerla para categorizarla, yo creo que no. La música como experiencia nos toca, nos zarandea, nos agita, nos anima, nos machaca, quizá ese sea su milagro, quizá ese sea su poder.

Por eso con Izal fue de menos a más, comenzando a oir temas de sus primeros discos, del último, hasta que decidí ir a un directo suyo. Esa oportunidad se presentó este pasado sábado. No conocia la sala, no sabía de su aforo, ni tenía ni idea del tipo de gente que allí me encontraría.

Pues bien, todo resultó una gran y agradable sorpresa, me encontré con unos tios que cuidan sus directos y hacen de ello un caldo de cultivo para conectar, para celebrar un rito donde la admiración y el respeto marcha en dos direcciones desde el grupo a sus fans y al revés, es de esta forma cuando todo resulta cercano, próximos, acaso eso ya en si mismo no es motivo de éxito, suponemos que obviamente no, aunque visto el panorama musical con tanta estrella mediatica y borracha de si misma este tipo de actitud se agradece.

Izal ha dejado de ser un grupo para ser más casi una banda, donde ataca los temas con fuerza, pero a la vez los mima con tanto cariño que parecen frescos como reformulados,  otorgando un espacio tan empático con la comunidad Izal que la gente desde el principio hasta el final corea todos y cada unos de los temas que la banda les brinda como un mecanismo de aproximación. Y todo esto sin las urgencias de un concierto al uso sino desde la confianza de ir a ver a un grupo de amigos, reirnos con ellos, bailar con ellos, y pensar que la entrada vale la pena porque durante casi dos horas recargamos nuestras baterias con una energía poderosa y eficaz llamada fiesta (con confeti incluido). Da igual que toquen oro y humo como si fueran un grupo de folk rock o recreen un universo de intenciones y deseos en pequeña revolución, o simplemente especulemos en que coño podría ser ese extraño regalo; cualquier tema resulta sincero, bien aprovechado, mejor ejecutado, y eso los “Izalers” lo celebran y lo agradecen.

He disfrutado con Izal, he cantado sus canciones, he bailado, he saltado, pero sobre todo me he sentido feliz. No esta mal para un rockero en territorio indie.

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LAS CUATRO ESQUINAS

Empujaba  la puerta pesada de madera con los remaches de hierro como si se abrieran las puertas del castillo, o quién sabe como si dejaran salir a un preso cuya condena ya ha sido cumplida, caminaba muy despacio con los pantalones impecablemente planchados y la chaqueta dispuesta de forma que pudiéramos imaginarnos que en algún momento de su vida habría sido habitado por un cuerpo grande y fuerte. Saludaba sin entusiasmo pero con cortesía como el que tiene claro que su objetivo no es hacer relaciones públicas si no embarcarse en un viaje de ida, en el que doscientos metros son mediciones subjetivas, y en esa distancia radica la diferencia entre la vida, la experiencia, y la bisoñez.

Siempre que llegaba el frio, cuando el sol deja sus rayos depositándose tenue sobre pinos y carrascas, él se sentaba en un tronco hecho de olmo marrón claro sujeto por dos poyetes de hormigón.

Miraba la calle mientras desplegaba con un arte al alcance de muy pocos un librillo de papel de fumar y una pequeña bolsa de cuero con tabaco de liar, él decía que lo tenía desde que vino de Guinea, que era de piel de león, algo que seguramente no habría forma de saber jamás. Yo siempre pensé que aquello no era nada más que el afán de un viejo de contar historias, de saberse interesante, de forjarse una reputación.

Yo me acercaba, me sentaba en el suelo e intentaba mirar lo que el miraba, sentir lo que el sentía, y respiraba. Aire fresco de diciembre, ese de curar jamones que hacía que tu piel fuera más de lagarto que de persona si a el te exponías, de abrigarte la garganta mientras miras al suelo y encoges los hombros para no quedarte helado. Todas las mañanas hacía lo mismo, cuando salía del colegio, antes de ir a comer, corría hacía las cuatro esquinas, y allí estaba fumando un cigarro liado mientras pequeñas volutas de humo rebotaban en la pared blanca enjalbegada.

El me miraba y sonreía, y todos los días me hacía la misma pregunta, ¿chaval que te gustaría ser de mayor?, yo no sabia que contestar nunca había pensado en eso, sin embargo tenía claro que quería ser como él, como cuando me contaba la vez que se tuvo que embarcar en un ballenero muy jovén y paso mucho tiempo en un bote a la deriva asediado por peces de todos los tamaños y condiciones mientras trataba de mantener el tipo, de cómo una ballena blanca le había roto la embarcación y había desperdigado a todos los marineros por las agitadas aguas menos a él; o cuando lo llamaron para una expedición a las regiones heladas del ártico y como casi sin quererlo se hizo amigo de los indios de aquellas tierras, y de cómo le enseñaron a cazar osos con una rama grande con la punta afilada. Sus experiencias no acababan nunca, sus ojos era azules como el mar, y te miraba tan profundamente que parecía que sabia lo que pensabas en cada momento. Mi padre no quería que le viera, decía que era un pobre hombre, que sus hijos le habían abandonado incapaces de aguantarlo debido a su mal humor, que su mujer había muerto hace ya mucho y era la única que le sujetaba cuando le venían sus arrebatos de ira y de espanto. Quizá mi padre tuviera razón, eso es algo que nunca sabré, sin embargo, ahora que ya no soy un niño y tengo mis propios hijos, ahora que ya tengo un trabajo, me gano la vida y cobro un salario, no mucho tal vez, pero lo suficiente para vivir con dignidad sin pedirle nada a nadie, me acuerdo de él, de su porte enorme, del olor a tabaco de sus ropas, de sus dedos amarillos, de su piel curtida por mil y un soles de espacios que nunca vería; y cierro los ojos y le echo de menos, y algunas veces me meto la mano a la altura del cuello y saco una pequeña tira de cuero con una garra atada al extremo. Siempre pensé que cuando me la dio era como si me pasara un testigo, hay quién dice que es de león…o de oso. A veces he vuelto al pueblo con los niños a pasear por el monte, a pisar los gasones de los barbechos, a sentir el aire que comienza a ser muy frio en diciembre, y me siento con ellos en un banco de olmo con dos poyetes de hormigón, allá en las cuatro esquinas.

 

AGA

 

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Tu continente – Izal (De como contar historias para escondernos)

De este grupo también madrileño no tenía ni idea de su existencia y alguien por ahí un día me lo comentó, y bueno me puse a escuchar a estos chicos y la verdad es que me paso lo mismo que con Vetusta Morla, me resultaron muy frescos aunque había cosas en cuanto al estilo que no parecía indie si no que recordaba a espacios musicales de los primeros Queen, ya sé que resulta extraño, Izal no es Queen obviamente, pero esa sensación de que una cosa sabes como empieza pero no sabes como acaba en lo musical es muy de agradecer por inteligente (quizá de ahí que en una entrevista que se publico en el ya desaparecido diario Público reconocieran que su canción favorita en inglés era Bohemian Rapsody, no creo que sea casualidad). De esta forma comencé a leer entre acordes a fijarme en sus letras y poco a poco a adentrarme en un universo lleno de matices y sugerencias. De letras elaboradas y que de una forma u otra también enlazaban con ese mundo tan profundo y rico que planteaban Vetusta Morla. Elegir Tu continente es una elección tan personal porque al escucharla me recuerda ciertos espacios transitados donde los demás importan muy poco, donde las coartadas forman parte de lo sustancial hasta el punto que son lo sustancial y la forma adquiere una mascara, llena de brillos, llena de exuberancia pero vacia de contenido porque desde la no-empatia le quitas humanidad a todo aquello que no debería sernos ajeno.

Esto esta presente en el tema tan presente como que otro tema de Mikel Izal titulado perdido resulte un himno generacional donde no estén verdades cerradas y los sentimientos se marcan a golpe de bit…..de todo eso habla este tema, de la necesidad de encontrar certezas en canción para nadie y un mundo cotidiano, accesible, reconocible, deseado.

Contar historias para escondernos, elaborar universos sin alma, todo refleja algo que no existe y pasa factura de tal modo que quizá la verdadera libertad que no puede compartirse no deja de ser algo solitario, algo que forma parte de tu continente donde las fronteras te impiden ver otras caras otros cuerpos y vincularte con otros corazones.