DEL RING AL OCTOGONO: LA UFC Y EL CLUB DE LA LUCHA

Decía George Foreman que no sabía bailar, ni cantar, ni contar chistes pero que era el mejor en dejar a la gente fuera de combate. Quien dijo esto era un luchador, un peleador, un gladiador moderno, alguién que sangra y sufre, se levanta y cae, siente el vertigo en el estomágo pero sobre todo alguien sometido a un ritual donde la pelea se establece con uno mismo antes que con el de enfrente, aunque este sea el que te va a derrotar. Quizá sea recordado por eso o como a él le gustaba admitir, por sus errores.

 

Veamos cómo surge la lucha, cómo se ha manifestado, cómo hemos evolucionado dentro del yo civilizado, del yo guerrero fuera del tiempo y a la vez pendiente de que alguien pare el reloj y acabe ese asalto que tal vez dura toda la vida.

 

Brutalidad y civilización: Las artes de lucha

 

Desde los primeros persas, el mundo griego, pasando por el imperio romano, la lucha, el pankration y el pugilato eran una especie de ciencia altletica frente a las opiniones (que las había) que lo despachaban simplemente un espectaculo brutal. Todas estas disciplinas resultaban reguladas de forma seria y noble, esas normas eran plasmadas en tratados, algunos conservados, otros no; en ellos se hablaba de los entrenamientos, las rutinas y las técnicas que desarrollan esas formas de lucha; también de las anécdotas, de los campeones, de los protagonistas que bien por un sentido mítico del relato o bien por la necesidad social de héroes han formado parte del imaginario clásico ¿O acaso no era Hércules un luchador que vence con sus manos al león de Nemea?.

 

Las diferentes disciplinas evolucionaron en un sentido u otro hacía prácticas menos duras para los deportistas. Se hicieron olimpicas algunas, otras resultaron olvidadas, algunas aparecían rescatadas del mundo asiático, por milenarias o exóticas o filosóficas pero tambien por novedosas, ya que incorporaban nuevas formas de lucha hasta entonces desconocidas en el occidente post-romano. El judo, el kárate, el taekwondo, el aikido, el jiu-jitsu, y así ad eternum.

 

Vale tudo, MMA, la UFC

 

Durante mucho tiempo en todo el mundillo de las Artes Marciales se habia especulado con la idea de qué arte marcial era mejor o que técnica de lucha resultaba más eficaz en un combate real sin armas. En todos los gimnasios era una forma de rivalidad esa duda de quien era el más completo, el guerrero total, el puto amo, y no sólo en los gimnasios: en las propias federaciones también se daban estas discusiones, aunque más por verse amenazados sus negocietes privados que por un analísis serio sobre las posibilidades de ciertas disciplinas.

 

Será en el Brasil de los años 20 donde se comienza a fraguar el origen de lo que luego serían las artes marciales mixtas.  Ese nuevo tipo de lucha se llamó  “VALE TUDO” (vale todo), creado por la familia Gracie, discípulos de maestros japoneses emigrados a ese pais y especialistas en jiu-jitsu. Esta nueva disciplina recuperaba un cierto espiritu del Pancratio original y en ese sentido bebia de esa inspiración.

 

El vale tudo resultó tremendamente atrayente. Sacaba a las artes marciales de una especie de imagineria zen, donde todo el mundo se creía una especie de reencarnación de Bruce Lee (figura que contribuyó a popularizar las artes marciales igual que los Beatles el rocanrol, por ejemplo), o el maestro Miyagi, con quien “dar cera, pulir cera” era algo así como la técnica catártica de las artes marciales. El caso fue que ver a dos tipos dándose de hostias sin más control que sus fuerzas, y con unas reglas practicamente inexistentes salvo aquellas que afectaban a la hombria (morder, genitales, etc) significó un reecontrarse con lucha en serio, de forma eficaz, con todas sus consencuencias incluida la sangre.

 

Será en los Estados Unidos donde el vale todo de los amigos brasileiros iba encontrar el pistoletazo de salida hacia lo que finalmente sería la UFC,  o lo que es lo mismo, Ultimate Fighting Championship. En dicho país la lucha se veía principalmente a través del boxeo; para ellos el último deporte noble, ese que convertía el gimnasio en un espacio social, y más aún, en una suerte de casa de auxilio frente al deterioro social y a la desesperación. Todo ello en cientos de barrios del extrarradio de las grandes ciudades de este jovén país. Quizás por eso: quizás por que en esa juventud la lucha era una forma de encontrar una autoestima, una dignidad perdida por la codicia depredadora que anulaba a los chavales en los barrios, condenándolos inevitablemente al fracaso escolar, al crimen y a la prision, todo en ese orden.

 

 

Será en los años 90 cuando John Milius, director de cine, despues de practicar jiu-jitsu teniendo como maestro a Rorion Gracie, se plantee la posibilidad de hacer realidad un acontecimiento en un escenario especialmente diseñado para que dos luchadores se enfrentasen, en un combate tan duro, que fuera de todo menos bonito. Con ello se daba una especie de retroceso al mundo griego, pasándolo por el ojo de una cámara de televisión.

 

La relación de John Milius con el espectáculo sin duda se había salido de lo corriente. John no era precisamente una estrella si no más bien una mezcla entre un bárbaro ilustrado y un amante de Esparta. Él se autodefinió como el anarquista zen, acaso su mejor definición posible. Guionista de Apocalipsis Now junto a Francis Ford Copola, por ese guión fue nominado al Oscar en dicha categoria. También fue el responsable del guión de la serie ‘Roma’, y de peliculas increíblemente bellas donde el conflicto juega un papel determinante, como ‘Las aventuras de Jeremias Johnson’. Dirigió además una pequeña obra maestra titulada ‘Adiós al rey’ con Nick Nolte, donde reflexionaba a modo de historia épica sobre las bondades y la pureza de las culturas tribales.

 

Con dicho curriculum no podía extrañar que todo eso de la lucha y de las artes marciales le resultaran algo más que simples ejercicios aeróbicos.

 

Resultó finalmente que Junto a Rorion Gracie creó y diseñó ese escenario llamado EL OCTÓGONO, distinto de un ring. Tanto que no hay escapatoria. O luchas o luchas, sí o sí.

Dicho espacio está formado por superficies acolchadas en las que se protege al luchador de caidas o de ser lanzado fuera del octógono. Mide 69 m2 de superficie, un largo de 9.7 metros y 1.82 metros de alto.

 

En un principio los combates eran muy duros, hasta el punto de que originariamente la influencia del vale tudo brasileño conllevó que pocos patrocinadores apostaran por un deporte tan brutal pero a la vez tan atractivo, o dicho de otra forma: la recién creada UFC debia de empezar a regularse en los diferentes estados de la unión para con eso crear la condiciones apropiadas de explotación y negocio.

 

Habia nacido un evento único en la lucha, y ahora sería retrasmitido para todo el que pudiera pagar por verlo y de eso en los States saben mucho.

 

En un principio, en el vale tudo por ejemplo, no se utilizaban ni siquiera guantillas. Más tarde se diseñaron unas de apenas 4 onzas que no restaban potencia a los golpes pero liberaban los dedos permitiendo con ello la posibilidad de agarres. En la UFC fueron incorporadas de manera definitiva.

 

Se podría pensar que el hecho de tener la mano más libre y los nudillos menos acolchados que con los guantes de 10 onzas —propios del boxeo— puede dar lugar a mayores daños, pero se ha demostrado que los KO’s provocados con las mencionadas guantillas si bien son más televisivos no resultan más peligrosos. Es más, el golpeo de puño con guantes clásicos de 10 onzas provoca que el cráneo absorba los golpes de tal forma que el cerebro se mueve igual que la masa gelatinosa que de hecho es, como dentro de un un recipiente. En ese sentido recibirá muchos más movimientos, que producen lesiones irreversibles, en comparación con los recibidos mediante el tipo de golpe común en MMA, mucho más contundente. Además, unos nudillos no protegidos hacen que el golpeo rasgue la carne de tal forma que el sangrado es inminente a la mínima oportunidad. A priori gran noticia para todos —para todos los que rodean este regreso al pugilato, como comentábamos antes—, ya que vivimos tiempos digitales donde las inversiones deportivas deben asegurar audiencias regulares, para combates espectaculares, con sangre de verdad.

 

Valga este repaso sobre reglas y evoluciones para hacernos una idea de los diferentes grados de dolor y sufrimiento que podemos observar dependiendo de la elección de un guante con o sin protección; tiempos en asaltos y estructura del escenario donde se pelea, ya sea ring, octógono o incluso más recientemente círculo (Big Knockout Boxing).

 

Las normas y reglas unificadas de las MMA (siglas en inglés de Artes Marciales Mixtas) van desde las divisiones de peso, el equipamiento del octógono, especificaciones de los vendajes, equipos, el banquillo, protectores, guantes, vestimenta, duración del asalto, evaluación y criterio de los jueces; hasta las faltas y los tipos de lesiones. De manera que no es precisamente la batalla silvestre y desregularizada que a simple vista parecería.

 

Con todo, los primeros combates se desarrollaron con resultados tremendamentes espectaculares por impensables en otros eventos de estas características, donde los luchadores expertos en técnicas de suelo (judokas, jiu-jitsu brasileño, lucha libre), a poco que aguantaran las embestidas de otros luchadores que dominaran la media y larga distancia, acababan inevitablemente con su rival en el suelo, donde resultaba presa fácil: luxación o rendición. Esto fue así durante unos años, hasta que el resto de peleadores empezó a comprender que si querian ser eficaces debian cambiar y empezar a dominar todo el espacio de lucha; las distancias y el suelo. De nada servía que tuvieras un pateo rápido y contundente si tu contrincante te agarraba y acababas en el suelo sometido. Fue ese el principio del fin del reinado de los grapplers en la UFC. Poco a poco la evolución dio lugar a peleadores más versátiles; se combinaban los puños del boxeo y el kick boxing o el full – contact, con patadas del Kárate, del Muay Thai, del Taekwondo, y con los agarres y controles del jiu-jitsu, del sambo, de la lucha libre, etc. Todo un acontecimiento para aquellos que consideraran que la lucha podía ser a la vez deporte y espectáculo.

 

Actualmente es en Estados Unidos donde la UFC tiene un volumen de negocio tan importante casi como el boxeo. A nivel televisivo pulverizaron registros a tráves del acuerdo que en el año 2011 con FOX SPORTS, tras el que alcanzaron audiencias de cerca de 9 millones de espectadores, algo absolutamente impensable para un deporte de contacto.

 

 

El club de la lucha: La vida, el dolor, la sangre.

 

Hemos visto los orígenes, su evolución, ¿pero sabemos que es la lucha? Eso que hace que dos seres humanos se enfrenten a una prolongación de sí mismos, como una distorsión, como un reflejo, y en donde se corre el riesgo de salir herido e incluso muerto. Quizás la lucha sea un espacio donde las fuerzas del luchador no son sólo las suyas sino que también cuentan las debilidades del otro. Asimismo, el fracaso también es un poco compartido, pues no es enteramente mío como luchador, sino el triunfo de mi adversario. La lucha es un lenguaje brutal; más brutal que lenguaje no tanto porque no tenga lenguaje sino porque invariablemente pasa de él como algo articulado. Se convierte por lo tanto en primitivo sin salir de lo humano. Tal vez demasiado humano que diría Nietzsche. Un apoteósico grito del super yo. Comprender que la lucha también es castigo, superior al castigo en cuaquier otro deporte sobre todo por que se trata también de ser golpeado, de ser dominado pues el hecho de sentir el dolor es una forma de prolongación de la vida, y en ese sentido sentir el ojo reventado o la nariz rota mientras la sangre inunda las mejillas es algo tan vivo que en cada asalto te lo recuerdan una y otra vez. Así como tus posibilidades de vida, tu fuerza, tu debilidad, tu reflejo, tu yo arcano, tu miedo, tu triunfo. Las personas lo ven como un evento tan viril que quizá sea un ejercicio de cierto erotismo. Ver dos hombres desnudos peleando, pero por encima de eso lo que provoca es una evocación de la guerra, de la violencia donde el amor quizá vendrá despues con un toque de campana, un abrazo largo, y un puño en alto. De eso se trata la lucha. Por eso da igual que técnica utilices, si el evento tienes miles o millones de seguidores o las apuestas están así o asá. Podrás modificar el reglamento, podrás forzar el KO replanteando las protecciones de puños, podrás limitar los asaltos, dirán que todo resulta más vistoso, como si fuera algo de colorines que queda bien en televisores 4k; la lucha es vida, y sentimiento y pasión, y adrenalina y violencia y más cosas y ninguna posiblemente politicamente correcta… pero qué cojones, a quién importa lo que es la lucha si muchos piensan en términos de irrealidad televisiva. No se huele el sudor de un combate, no piensas “Joder, qué dolor, no me gustaría estar en su pellejo”, cuando una patada rompe una tibia o cuando un puño impacta tan fuerte que la mandibula se desencaja. Cuando tiemblan las piernas porque hay nervios de la cabeza que llegan hasta los pies. Todo eso no lo verás seguramente ni en FOX ni en ENERGY ni en nada televisado, pues tratar la lucha como un video juego no es faltar al combate, ni siquiera ningunear a los luchadores: resulta una afrenta, es más grave que todo eso, es creerse que es un juego, y al fútbol se juega, al baloncesto se juega pero no se juega a la lucha porque jugar juegan los niños, luchar luchan los hombres.

 

Decía la escritora Joyce Carol Oates “Cuanto más rica y avanzada es una sociedad, más fanático es su interés por cierta clase de deportes, una suerte de regreso hacia lo brutal, lo instintivo, y por lo tanto lo inocente”.

 

Disfrutemos de la lucha a pesar de los mercaderes de esclavos, disfrutemos no sólo de sus proezas físicas, sino de experiencias emocionales tan potentes como es el sexo, como el nacimiento, como la muerte, y recordemos que nuestros recuerdos más profundos son o suelen ser físicos aún a riesgo de considerarnos paradojicamente seres esencialmente espirituales.

 

 

Antonio G. Aroca es Documentalista, ha practicado y es aficionado al boxeo, cinturón negro de full – contac y kickboxing, ha realizado cursos de Hapkido, Kempo fu shi, y su mayor logro es tener una familia acojonante….